la media inglesa

La edad de oro del periodismo deportivo español

Exterior. Puente Reese de Hamburgo (día). 

Manolo Lama y sus acólitos saludan afectuosamente a un hombre sin hogar. La escena despierta a las masas, que la toman con el periodista y con sus cómplices. Caridad de plástico para darle color a un directo.  Esto obliga a su empresa a disculparse ante la opinión pública. Es una paradoja que sea el propio Lama el que enuncie, tiempo después, la famosa oración sobre su oficio en España: Que aquí se hace el mejor periodismo deportivo del mundo, dice. “De largo”.

La bravuconada provoca parodias, pero es algo que dicen y piensan muchos otros en una profesión tan corporativista como endogámica. Lama se quejó después que tras la historia del mendigo se escondían facturas pendientes entre Prisa y otros grupos editoriales. El mejor periodismo deportivo del mundo y el más autocrítico

El mejor actor es el que no sabe que está actuando. Por eso tienen tanta fuerza los grandes documentales, los reality shows y El Chiringuito, valga la redundancia. En un plano secuencia da tiempo a que los tertulianos lloren, chillen y a que vuele alguna amenaza. Hay que tener mucho talento para jugarte la angina de pecho sobre un fuera de juego de Lucas Vázquez. 

Uno de los males que se le achaca al periodismo deportivo, además de la falta de rigor, es el del enchufismo. Aunque, en realidad, el tráfico de influencias es tan antiguo como el mercado. Nadie lo satirizó mejor que Luis García Berlanga en la Escopeta Nacional y en pocos oficios se disfruta del legado sanguíneo como en este. Nuestro Berlanga en esto se llama Miguel Gutiérrez y lleva más de una década vacilando a todo el periodismo deportivo español en lalibreta.

También es el del nodcast y, a día de hoy , uno de los personajes más interesantes de ese otro periodismo deportivo español. Junto a él aporrearon el teclado en Diarios de Fútbol tipos brillantes como Sergio Cortina, Galder Reguera o Enrique Ballester, el Enric González del infrafútbol.

Entre el bufandismo, el nepotismo y la indecencia a sueldo de un club o de Iberdrola, muchos periodistas han elegido sobrevivir a tener credibilidad. Los entiendo. Por eso creo que tienen aún más mérito los que se procuran un futuro viable sin renunciar a lo segundo. De ahí que piense que de verdad vivimos el mejor momento del periodismo deportivo de España en toda su historia. Sin ironía. Y a pesar de que a Ruben Uría le parezca que no, que seguimos como siempre y en lo de siempre, mientras critica al resto desde su trinchera.

Jamás ha habido tanto contenido y de tanta calidad como se produce ahora. Tanto en los medios tradicionales, donde Marcos Pereda, Carlos Arribas, Antoni Daimiel, Nacho Labarga, Iñako Díaz-Guerra o Juanma Rubio siguen haciendo contenidos de nivel, como en YouTube o el resto de plataformas.

Ya no podemos hablar de “periodismo alternativo” para referirnos a Marcador Int. Que te llamen panenkita es el mayor halago que puede recibir un periodista deportivo español. Y el mejor podcast deportivo de España lo hace un tío desde su casa en Torrelodones, me gusta pensar que en pijama y pantuflas. Pepe Rodríguez es al tiempo contenido y continente. Marca personal de verdad, sin humo ni neuromarketing chungo. Esta no la viste venir, McLuhan. 

Todo lo que pasa en las industrias culturales a 7000 km de aquí termina llegando, aunque sea con distorsión. Y en ese proceso nos hemos acostumbrado a pagar por contenidos de valor. Ya sea la membresía de La Media Inglesa, el maravilloso proyecto de Ilie Oleart y los suyos, o cualquier suscripción a Twitch, a donde se pira todo el mundo porque pagan mejor que en YouTube. En baloncesto podemos elegir entre Drafteados, el genial Reverso de Monje y Vázquez o Sergio Vegas, entre tantos otros. En ciclismo asoman la cabeza David García y Marc Figueras, mientras que Andrés Mohorte prepara un par de veces a la semana la mejor newsletter que me llega al mail con su Cuadernos del Ventoux.

Imagino que pasará en casi todos los deportes, aunque estos son los que me interesan a mí. El que quiera análisis tiene a Miguel Quintana, quien prefiera entretenimiento sin (mucho) hooliganismo puede ponerse Colgados del Aro y siguen floreciendo proyectos como Editorial Puskas o La Remontada. Ya están maduros los de Charlas, PlayFútbol, A la Cola del Pelotón, Balón en Profundidad o Rafael Escrig, un comunicador brutal.

Estoy convencido de que este torrente de creatividad y buenos contenidos es, en parte, producto de aquello otro. De la tertulia fácil, del sermón del locutor estrella de la noche deportiva y de las portadas faltonas. Fueron el caldo de cultivo para este momento de variedad que vivimos ahora. Toca aflojar el bolsillo. Por tanta calidad, no por caridad de plástico.

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