roglic y carapaz

El premio es el tiempo

Qué sencillos de explicar me parecen algunos deportes. Qué fácil le hace la vida a un neófito el waterpolo: 7 señores por equipo, una pelota, dos porterías y el objetivo de marcar gol sin ahogarse. Un asunto intuitivo. En cambio, qué difícil hacemos algo tan sencillo como lo de la bici.

Yo me he dado cuenta en este atracón de final de temporada, en un intento en vano de que mi novia se aficione al ciclismo. No le cuadra que algunos corredores pongan mejor cara escalando un muro infernal que en una bajada en la que no es preciso ni pedalear. No entiende por qué se acota dónde pueden beber y comer los ciclistas. Y le explota la cabeza con la dualidad individual-colectiva del ciclismo: ¿cómo es eso de que dos compañeros de equipo se ataquen y compitan entre sí? Y, pobre, lo dice porque no sabe que ese proceso se agudiza si los sujetos visten con maillot azul y una ‘M’ blanca en el pecho.

La Vuelta 2020 rebate todos nuestros cimientos. Ya no vale con explicar que es un deporte en el que unos individuos recorren en bicicleta un trayecto entre el punto A y el B y que gana el que llegue en menos tiempo. Ni eso. El ganador de la carrera ha tardado más tiempo en recorrer las 18 etapas que el segundo clasificado. Todo gracias a las bonificaciones, un invento que cumplirá 50 años en 2021 desde que se instauró en el Tour. Este premio ha pasado de forma intermitente por el circuito mundial y por las grandes vueltas, puesto que se idearon para incentivar la competitividad en metas volantes y generar un aliciente en las llegadas. El desenlace de la última Grande nos replantea un viejo dilema.

Los 48 segundos de bonificación que recibió Primoz Roglic superan en 32” a los solo 16” que obtuvo Richard Carapaz. En la clasificación general les separaron 24 segundos, por lo que Caparaz fue el que recorrió en menos tiempo las casi tres semanas de carrera, con 8 segundos de adelanto sobre Roglic

¿Una Vuelta injusta?

Lo injusto sería tildar esta Vuelta a España de injusta. Roglic ganó porque fue el que mejor se adaptó a las situaciones de carrera. Lo reconocieron sus rivales, lo defendió en la carretera y así lo atestiguan sus 4 victorias de etapa, algo que no conseguía nadie desde Jalabert en 1995. La cuestión interesante es si hubiera planteado otra estrategia sin esas bonificaciones. Nunca lo sabremos. Carapaz, que fue segundo, atacó muy tarde algunos días y se quedó demasiado solo en otros. 

Con las bonificaciones no soy capaz de explicarle a nadie este deporte porque no lo entiendo ni yo. No comprendo qué utilidad tiene una bonificación en un final en alto en este ciclismo de grandes finalizadores. ¿Para qué van a atacar desde lejos Roglic o Pogacar pudiendo esperar para explotar esa ventaja competitiva en los últimos metros? 

Tampoco sé por qué se aduce que la bonificación es un premio para los ganadores y no se recompensa en las contrarrelojes, esas apestadas del ciclismo moderno que han decantado Tour, Giro y Vuelta. Para otro día dejamos lo de los cambios de bici en cronos mixtas, que recuerdan más al Gran Premio de Montecarlo que a una contrarreloj de verdad. 

Se puede comprar casi todo, pero no el tiempo. Eso es imposible de bonificar. 

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