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¿Debe ser la Strade Bianche el sexto Monumento?

Hay tensiones irresolubles en el ciclismo. Las polémicas sobre pinganillos, potenciómetros o ayudas exógenas tanto en el hardware como en el software de los ciclistas acompañan al pelotón desde siempre, cada uno en su época. Ahora que se discute sobre la seguridad del ciclista, los recorridos de las carreras o la configuración del sistema organizativo de la UCI, Alaphilippe ha reavivado un debate folclórico que empieza a ser recurrente. Y que seduce a ciclistas, periodistas, directores y aficionados. El campeón del mundo dice que la Strade Bianche italiana “merece ser un Monumento”. Julian tira el pan y los peces acudimos solos. “La Clásica del norte más al sur” es tan atractiva que ha conseguido que en solo 14 años de vida podamos discutir si merece la misma consideración monumental de Paris-Roubaix o el Giro de Lombardía.

Los Monumentos ciclistas (Paris-Roubaix, Tour de Flandes, Milan-San Remo, Giro de Lombardía y Lieja-Bastoña-Lieja) comparten 3 características principales: son pruebas centenarias, todas ellas tienen más de 200 kilómetros de extensión y tienen esa distinción de Monumentos por puro azar. Detrás de los principales hitos deportivos del siglo XX está la mano de periódicos como L’Auto o L’Equipe, gracias a los cuales existen tanto el Tour de Francia como la Champions League. En esa línea se aliaron L’Equipe, La Gazzeta dello Sport, Het Nieuwsblad y Les Sports para distinguir a una serie de carreras y así promocionarlas. Esa conjunción de fuerzas fue mutando con los años y seleccionándose hasta obtener las 5 pruebas que ahora conocemos como Monumentos. Paris-Tours, una de esas pruebas, ni siquiera se considera ahora una carrera World Tour (primera división ciclista). El Campeonato de Zúrich, considerado oficiosamente el sexto Monumento, ni siquiera se disputa de forma profesional desde 2006.

Hay clásicas que se definen por su historia y prestigio. El palmarés revela la grandeza de la competición y anula cualquier duda sobre su estatus. La Amstel Gold Race, la Flecha Valona o la Gante-Wevelgem, por ejemplo. Pero las condiciones de la Strade Bianche, con más de 60 kilómetros por carreteras sin asfaltar, el sterrato, imantan a todo el mundo en torno a una carrera que nos evoca ese ciclismo épico de lucha contra los elementos. “En poco tiempo ha logrado ganarse el fervor tanto de los corredores, que les encanta competir ahí, como de los aficionados gracias a las imágenes, los paisajes, la dureza”, dice Nacho Labarga, responsable de ciclismo en Marca. Para Markel Irizar, miembro del staff del conjunto Trek-Segafredo, es una carrera “súper mítica”. El vasco disputó 5 ediciones de la prueba y la considera “una carrera muy dura, al nivel de Flandes o Roubaix”.

En 2007, cuando se inició esta prueba, la discusión que nos apasiona ahora era una utopía. Alexander Kolobnev ganó aquella primera edición y pese a que “le falta un pelín de historia y años”, dice, la organización (RCS, organizadora también del Giro de Italia o Milán San Remo) “ha movido muy bien el recorrido para popularizarlo a través de marchas cicloturistas”. Kolobnev destaca esos esfuerzos “de marketing en cuanto a dar esa imagen retro y de autenticidad”. El ruso lo tiene claro y sentencia que la carrera “acabará siendo un Monumento en 4 o 5 años, no en 40 o 50“.

Albert Rivera, conductor del podcast A la Cola del Pelotón, cuestiona que en tan poco tiempo podamos elevar a esta carrera al nivel de pruebas con mucho más calado histórico. “La Strade Bianche se ha convertido en un monumento para el aficionado ciclista. Un monumento a la diversión, al ataque y a lo épico. Ahora bien, los 5 monumentos que copan la lista, más allá de los años de historia o los kilómetros, tienen una tradición entorno a la carrera que les hace formar parte del acervo de sus ciudades y regiones”. Para Nacho Labarga, en la misma línea que Kolobnev, ver a la Strade como Monumento será cuestión de tiempo. “Tiene todos los ingredientes, no sé si de un año para otro, pero sí es un buen debate que se pueda convertir en el sexto monumento. Al ciclismo y a la UCI les viene bien innovar y creo que serían más las voces a favor de convertirlo en sexto monumento que en contra”. El periodista no cree que haya que hacerlo ya, pero sí “sería partidario de que se convirtiera en un sexto Monumento“.

Para mí Strade debería ser un Monumento. Por el sitio y por el tipo de carrera“, explica Markel Irizar, que se suma a Alaphilippe y las voces que abogan por el cambio. Albert Rivera ve “complicado debatir seriamente si los 5 monumentos algún día serán 6”, aunque apuesta por disfrutar de la carrera de la Toscana en cuanto a “emoción para los aficionados”. La realidad indica que para la Unión Ciclista Internacional esta es una conversación sin más alcance. De hecho, pruebas como el GP de Quebec, más reciente aún que la Strade Bianche, puntúan al mismo nivel que el Tour de Flandes o la Milán San Remo. Lo mismo sucede con la Gante-Wevelgem, por ejemplo, mientras que la Strade está un par de peldaños por debajo en el escalafón de la primera división.

Así pues, la carrera de Siena parece que no alcanzará todavía esa distinción oficiosa de Monumento, pero sí tendrá el fervor del público en un producto ciclístico único. Que no llegue a los 200 kilómetros (184 en la edición de 2021) es uno de sus debes, pero los tramos de grava son un sello que la identifica y distingue de todas las demás. Y eso juega a su favor. Lo cierto es que la Strade Bianche representa la esencia de la cultura ciclista y conforma cada año una lista de participantes impresionante. Sea como fuere, Alexander Kolobnev nos deja una píldora sobre la que para él es la llave en esta carrera: “La clave será siempre un equipo fuerte y ser agresivo desde principio, desde el primer tramo de sterrato“.

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